El lenguaje no verbal en una entrevista o reunión de trabajo

Hace poco tuve una entrevista de trabajo que no salió nada bien. De hecho, fue un completo desastre. Ante las preguntas del entrevistador, mentí un poco, y mis gestos, mi expresión no verbal, me delató. Tanto que a los pocos días de estar trabajando me llamaron al despacho para despedirme después de haberme puesto a un profesional de Castellana Detectives y averiguar todo aquello que había falseado en el cara a cara. No quiero que me vuelva a pasar más, así que me he documentado acerca de la importancia del lenguaje no verbal en una entrevista o reunión de trabajo, y quiero compartirlo hoy con vosotros para que no os encontréis nunca en una desagradable tesitura similar.

Mi caso fue muy sencillo de pillar. Mentí en algunas habilidades durante la entrevista, diciendo que sí era capaz, que tenía la titulación… Ya se sabe que normalmente no nos piden llevar el título de la licenciatura o del máster para ejercer en la compañía. Y no era cierto. Quizás me mostré demasiado titubeante frente al que sería mi nuevo jefe para encajar en un perfil tan concreto y con tan buen sueldo que le hice dudar, pero a su vez de primeras no quiso dejarme ir por si era verdad. Contrato a la agencia de investigación Castellana Detectives, y ellos fueron los encargados de ir comprobando por los diversos institutos de estudios y facultades si todo lo que había contado era cierto. Se trata de algo en lo que están especializados, en la investigación en cuanto a fraudes laborales, y lo cierto es que lo hicieron la mar de bien, tanto que me pillaron.

A partir de ahora, todas estas reuniones hay que preparárselas bien. Ya no solo para que no nos pillen en las mentiras, sino también porque el lenguaje no verbal influye mucho. Transmite casi tanto como las palabras, y de él dependen muchas de las decisiones de nuestro interlocutor. Y es que el lenguaje no verbal siempre delata y aunque es realmente difícil controlar los movimientos corporales en todo momento, con conocimiento y una buena práctica se puede conseguir, según aprendí a través del libro Lenguaje no verbal para dummies. Y sobre todo sirve para saber demostrar confianza en el trabajo.

Nunca tendrás una segunda oportunidad para causar una primera impresión. La entrevista de trabajo es algo parecido a estar en un escaparate. Cada detalle, desde la elección del vestuario al gesto más insignificante, debe transmitir el mensaje que quieres hacer llegar a tu entrevistador. Piensa en que tan solo siete segundos, el responsable de recursos humanos ya se ha creado una primera impresión sobre ti.

Por eso, este libro te recomienda el evitar a toda costa dar la mano por encima de la mesa, porque produce la sensación de que existe una barrera en la habitación. Es bueno acercarse al entrevistador por la izquierda de la mesa, lo que evitará uno de esos saludos con la palma hacia abajo que automáticamente nos colocan en una posición de inferioridad. Dar la mano con firmeza, en posición vertical, y devolver el saludo con la misma fuerza que ha utilizado el entrevistador es lo recomendable. Y dejar que sea él (o ella) quien decide cuándo hay que dar por terminado el saludo.

Asimismo, en el trabajo es bueno evitar las sillas que reducen nuestro tamaño, huir de los asientos que obligan a mirar hacia arriba, levantando la barbilla y enseñando la garganta, una de las partes más vulnerables del cuerpo. Si no se hace, la persona que se siente en la otra silla tendrá todo el control. Aunque se eche para atrás, seguirá estando por encima. La altura es un símbolo de autoridad: cuanto más alto, mayor es el poder. Por eso, algunos listillos regulan el asiento de sus sillas para parecer más altos. De esta forma ganan una pequeña ventaja competitiva.

Hay que procurar ir ligero de equipaje. Una maleta a punto de reventar indica que uno es la abeja obrera, no la reina que decide sobre los asuntos importantes. Llevar encima demasiados objetos transmite la sensación de que se trabaja duro, pero también de que no se tiene el control sobre la vida y el tiempo.

En cuanto a la vestimento, este libro explica que una chaqueta ceñida y abrochada hasta arriba indica una mentalidad cerrada. Cuando una persona se abrocha la chaqueta o la americana en el momento de tomar una decisión, está diciendo que no piensa cambiar de opinión. Y si se cruza de brazos con los botones de la chaqueta abrochados, rezuma negatividad por los cuatro costados. En cambio, si durante una reunión ves que la gente empieza a desabrocharse la chaqueta, seguramente están cambiando su forma de pensar y tienen una actitud más abierta y positiva ante lo que está sucediendo.

Conocer las peculiaridades culturales para trabajar con extranjeros

Conocer las normas básicas de comportamiento en distintas culturas (por ejemplo, la forma de saludar, hacer presentaciones, cerrar un trato, gestionar el espacio personal y establecer contacto visual) siempre supone una enorme ventaja, tanto si viajas para hacer amigos como para hacer negocios. Hay que evitar los malentendidos culturales.

Ciertas culturas, como la irlandesa o la italiana, destacan por su exuberante franqueza, mientras que otras, como la japonesa o la nórdica, son mucho más reservadas a la hora de expresar las emociones. Hay países que invitan a abrirse y a compartir los sentimientos (como en España), mientras que otros, como el Reino Unido, Suecia o Noruega, prefieren mantener las cosas en privado. Incluso dentro de un mismo país, la forma de comportarse cambia.

La gestión del espacio personal varía de una cultura a otra. En los países latinos, por ejemplo, la gente se relaciona a menor distancia que en los países anglosajones. Sólo hay que ver a un grupo de italianos o de españoles hablando entre ellos. Aunque en muchos países del Lejano Oriente la gente se saluda dándose la mano, los japoneses sienten una especie de aversión ante todo lo que tenga que ver con el contacto físico. Cuando un japonés está de viaje de negocios en un país occidental, se obliga a sí mismo a dar la mano, pero en realidad el gesto le resulta terriblemente incómodo. En su país, la forma de saludarse es una inclinación hacia delante desde la cintura, lenta y prolongada, seguida de un intercambio de tarjetas de visita.

Asimismo, en el mundo occidental, el contacto visual es un elemento clave de cualquier forma de comunicación; una muestra de respeto y de confianza en uno mismo. Pero por el contrario, en muchos países de Asia, África y Latinoamérica es un gesto de mala educación, una falta de respeto o todo un desafío personal.