Mi hijo estudia ESO, ¿cómo le oriento?

La adolescencia es una etapa de la vida que tendría que ir con un manual de instrucciones para los padres. Una época muy compleja, de dudas, de incomprensión, de atrevimiento… y sobre todo de paciencia. Y con el paso de los años la adolescencia va llegando antes. Esta etapa de la vida coincide con la ESO, la Educación Secundaria Obligatoria, y hay que tener mucho cuidado. Es el momento de saber orientar bien a nuestro hijo porque el caso del árbol puede saltar en cualquier momento. Es decir, si el árbol en esta edad comienza a crecer torcido, será muy difícil poder enderezarle en un futuro.

Por eso, es muy importante la formación que pueda tenar. Está claro que la educación que se ofrezca en casa es vital. De ahí saldrá la base, pero también es cierto que los adolescentes pasan más tiempo en el colegio e instituto que en el hogar. Por eso, hay que poner muy bien las bases. Y a veces el instituto no es suficiente. Por eso hay que contar con academia o clases de refuerzo que sirven para orientar a nuestro hijo o hija en el buen camino. “Lo principal es que el alumno tenga autonomía para realizar su trabajo”, explican desde la Academia Elipa, que nos cuentan más detalles para poder enderezar el rumbo.

Cuando un estudiante acude a una academia tiene que cumplir con este objetivo. Y para ello, implica vigilar varias facetas para descubrir qué destrezas hay que potenciar, cuáles hay que corregir y cuáles hay que añadir. Básicamente, desde las clases de apoyo escolar para secundaria se insiste en los aspectos fundamentales que se deben haber desarrollado en la etapa primaria (orden, seguridad, afianzamiento).

Todos ellos adecuándolos a un nuevo planteamiento para poder seguir rentabilizando los conocimientos, el esfuerzo y el tiempo, dado que el alumno, en la etapa secundaria, ya cuenta con un cierto bagaje adquirido en la etapa anterior, y el trabajo no sólo debe enfocarse en gestionar los nuevos conocimientos, sino en asentar los que ya se tienen. Por otra parte, deben integrarse como una parte más de ese bagaje los recursos, destrezas y estrategias que se tienen y los que se van adquiriendo.

En este sentido, cobra especial importancia el método de estudio, es decir, el alumno no sólo tiene que estar pendiente de qué hace sino también de cómo lo hace. Desde esta academia de estudios ven la forma de integrarse en tres aspectos básicos para un método efectivo.

Orden

Escribir en esta etapa se convierte en la forma natural de pensar los ejercicios.  Debe cuidarse especialmente el orden a la hora de escribir, para ir estructurando “líneas de pensamiento”, pautas en la resolución de los ejercicios que van a convertirse en parte del método.

Seguridad

Se debe tener claro qué tipo de ejercicio se tiene delante y cómo comenzar a plantearlo.  Conforme aumenta la cantidad de temas y aspectos de la asignatura, aumentan las “herramientas” con que cuenta el alumno, y es imprescindible aprender a clasificar estas herramientas.

Afianzamiento

La manera de trabajar implica, entre otras cosas, una revisión constante de los conocimientos básicos del alumno.  Las definiciones, propiedades y operaciones básicas que se conocen desde hace años deben clarificarse y enriquecerse en la práctica de ejercicios más complicados.

Como has podido comprobar, las clases de apoyo escolar en una academia apuntan a que el alumno vaya consolidando una estructura propia que le permita ir haciendo frente a los retos sucesivos que va a encontrar en esta etapa, y que vaya ganando en confianza de su propia forma de hacer su trabajo. De esta manera puede seguir consolidando un modo de trabajar que le permita rentabilizar su tiempo. Y es que no todo el tiempo debe dedicarse a resolver los ejercicios.  Debe quedar un tiempo para que el alumno pueda investigar por su cuenta temas que le interesen, y descubrir cuáles son sus preferencias.  En esta etapa se va perfilando qué va a estudiar en el futuro.

Al final, todo el trabajo debe ser efectivo.  Hay que corregir definitivamente posibles costumbres que el alumno puede mantener desde hace años y que interfieren el desarrollo claro de lo que se está pensando: repasar innecesariamente las letras, tachar sistemáticamente los errores, etc.

Así es cómo se puede reconducir a un alumno de la ESO. Son muchos los años que le quedan por delante de estudio y está claro que el árbol se tiene que enderezar con unos hábitos y conductas que luego proyectará cuando sea un adolescente y esté a punto de dar el paso a la universidad. Pero esa, ya es otra historia.