Todavía seguimos colgando amuletos en el coche, aunque no son los mismos.

Amuleto en el coche

Colgar adornos y figuras simbólicas en el retrovisor interior del vehículo, o fijarlas sobre el salpicadero, es una práctica extendida entre buena parte de los conductores. Continuamos utilizando amuletos en el coche, aunque no son los mismos que usaban nuestros padres y abuelos, ¿o sí?

El otro día subí al coche de mi amigo Juanjo. Le acompañé a realizar unas gestiones que tenía que hacer en el centro de la ciudad. Me sorprendió ver que tenía anudado al retrovisor, con una cinta de tela, una pata de conejo. Le pregunté que por qué la llevaba. Me dijo que le traía suerte. “Por lo que pueda pasar” –  me explicó.

Se me vino entonces a la cabeza la imagen de aquel imán que tenía mi padre en el salpicadero del coche, cuando yo era niño. Un portarretrato pequeño, en el que como una galería de fotos tamaño carnet, se sucedían la estampa de San Cristóbal y a continuación la foto de mi madre, la mía y la de mi hermano. En el pie del portarretrato se leía: “No corras mucho, papá.”

Mi padre no era un católico practicante. Rara vez iba a misa, a no ser que acudiera a una boda, un bautizo, una comunión o un entierro. Supongo que sería creyente, pero más por cultura que por convicción. Yo, que de niño era bastante curioso, le preguntaba lo mismo que le pregunté a mi amigo. “Papá, ¿por qué llevas la estampa del santo?”. Y él me respondía: “Por lo que pueda pasar.”

Aunque estamos acostumbrados a conducir, algunas personas van en coche a todos lados, somos conscientes que la conducción es un acto peligroso. Llevar amuletos en el coche, en cierto modo, nos lo recuerda y, sobre todo, nos dan confianza al volante.

Los amuletos en la historia.

Existen amuletos desde la prehistoria. En Siberia se descubrieron colmillos de oso agujereados que han sido datados de hace 40.000 años. Los arqueólogos opinan que los llevaban colgados al cuello los cazadores y que les servían de protección cuando realizaban sus incursiones en el bosque, en busca de comida.

En el antiguo Egipto, la presencia de los amuletos era habitual. La llevaban tanto los vivos como los muertos. Desde los faraones hasta los esclavos. El simbolismo de estos objetos se desarrolló antes que la escritura, y estaba ligado a la religión. De aquella época provienen amuletos que han sobrevivido hasta nuestros días, como el Ojo de Orus, que ejercía un efecto de protección. En los sarcófagos, junto a las momias, se introducían amuletos varios que facilitaban el viaje del difunto al más allá.

La presencia de los amuletos es común a todas las culturas de la antigüedad. Incluso en aquellas que aparentemente no tuvieron ninguna conexión entre sí. Como podría ser la antigua Persia y las culturas precolombinas de Mesoamérica. Están ligados a ritos y rituales de las religiones politeístas. Desde entonces provocaban un efecto positivo en las personas que no sigue ninguna lógica racional.

Como explica el Canal de la UNED (Universidad de Educación a Distancia), muchos de estos amuletos han pervivido hasta la actualidad. Gran parte de ellos provienen de ritos religiosos, espirituales o exotéricos que se han ido adaptando al paso de los tiempos. La elección de los amuletos no es casual. La herradura, que trae buena suerte, proviene de la media luna; la diosa lunar, presente en multitud de culturas asiáticas. El que esté fabricada en hierro, representa fortaleza y persistencia en la protección.

Hasta el simple hecho de llevar con nosotros nuestro objeto preferido, aquel que nos da suerte, tiene un origen espiritual. Es un artículo que ha sido bendecido por los dioses.

En la actualidad, los amuletos contienen una menor carga de fe y una mayor profundidad de superstición. Recurrimos a ellos porque pensamos que funcionan, aunque no sepamos explicar el porqué.

Los amuletos en el coche.

Un amuleto, en esencia, es un objeto que nos protege. Sin embargo, en el coche tiene un significado de recordatorio.

Como hemos dicho al principio, la conducción es una actividad peligrosa. Debemos estar concentrados en el manejo del vehículo y poner nuestros cinco sentidos en lo que estamos haciendo para evitar accidentes, que pueden tener consecuencias nefastas. El uso de imágenes religiosas, o de objetos mágicos, que deben estar a la vista del conductor, o este debe saber donde se encuentra, se lo mantiene presente.

Muchos de estos objetos recuerdan a su vez que el conductor es importante para otras personas, para familiares o amigos, que se preocupan por él. Y que, por tanto, debe velar por su vida. Es el ejemplo que hemos puesto antes del imán de “No corras mucho, papá”, o de frases como “Precaución, conductor” o “Tu enemigo es la velocidad”, presentes en multitud de adornos que se colocaban en los coches en los años 70 y 80.

Cuando los amuletos para el coche son un regalo de alguien importante, tienen un valor emocional adicional. El conductor no piensa en él, sino en la otra persona que espera verlo sano y salvo al regreso de su viaje.

Por tanto, estos objetos tienen un valor psicológico que acentúan la prudencia y la concentración que son tan necesarias en la conducción de vehículos por carretera.

Amuletos religiosos.  

Aunque pensemos que los amuletos religiosos son de otra época, lo cierto es que se continúan vendiendo bastante a día de hoy, como podemos comprobar si visitamos páginas web especializadas como El Palacio del Incienso, una tienda online de productos exotéricos que contiene una categoría específica de amuletos para coche, donde la presencia de medallas religiosas es bastante destacada. Si la venden, es porque hay personas que  las compran.

Junto a imágenes que podemos asociar con la protección, como el “Sagrado Corazón” y otras relacionadas con los viajes, como “San Cristóbal”, patrón de los conductores, podemos ver otras referencias religiosas que se repiten con frecuencia.

Es el caso de la Virgen del Rocío, la cual, además de suscitar una gran devoción, tiene un fuerte valor cultural, de identidad regional y de pertenencia a un pueblo. En Andalucía, esta virgen es uno de sus emblemas más destacados. Una imagen religiosa que viene asociada a una tradición popular: la peregrinación y la romería a la Aldea de Almonte, y que une a todos los andaluces más allá de su fervor religioso.

Con esto estamos viendo como los amuletos, además de protegernos, expresan quién somos y cómo nos sentimos.

En las fiestas mayores de los pueblos, los puestos religiosos suelen vender amuletos con la imagen del patrón o de la virgen del lugar. Muchos de los paisanos, incluso aquellos que han emigrado a la ciudad, suelen comprar estos objetos y los colocan en sus coches. Es una manera de expresar que ellos son de allí. De ese pueblo.

Luego, como es lógico, también hay personas religiosas que piensan, como no, que la mejor manera de sentirse protegidos en sus vehículos es llevar en ellos un amuleto religioso.

Amuletos más actuales.

Hoy, juntos a estos amuletos, vemos otros diferentes: piedras energéticas u objetos simbólicos. El blog Carros OK señala que la gente suele colocar aquel que más le resuena.

Uno de los más habituales es el ojo turco, una bola que simboliza un ojo, con varias circunferencias concéntricas y un punto negro en el centro: la pupila. Es normal verlo colgado en los retrovisores interiores. El ojo turco protege contra las malas energías, y propicia la calma. Ya sabemos que algunas situaciones pueden sacarnos de nuestras casillas cuando estamos sentados al volante.

Las herraduras, con las puntas colocadas hacia arriba, es otro de los amuletos más utilizados. La herradura simboliza buena suerte y propicia el flujo libre de energía, sorteando los obstáculos, que es lo que necesitamos para llegar a nuestro destino. Que el viaje transcurra sin imprevistos ni contratiempos.

Otros símbolos que podemos encontrar en forma de medalla, colgados en el interior de los coches, son el árbol de la vida y la flor de la vida.

El árbol de la vida es el dibujo de un árbol frondoso, en pleno esplendor, que incluye las raíces. Representa el crecimiento, el enraizamiento en la tierra y la sabiduría. Le recuerda al conductor lo importante que es la vida y la familia, y la necesidad de tomar decisiones meditadas durante el viaje. Es un antídoto frente a la imprudencia.

La flor de la vida, en cambio, nos conecta con el cosmos. Es una circunferencia, decorada en su interior con un patrón geométrico repetitivo que hace referencia al cielo y las estrellas. Como su propio diseño, este objeto infunde concentración y armonía.

Los amantes de las piedras mágicas suelen colocar gemas en el interior del vehículo. Cada tipo de piedra tiene un significado y produce un efecto. La turmalina negra es idónea para bloquear la negatividad, mientras que la pirita, de color dorado, es un activador energético, nos protege frente al cansancio y la somnolencia en los viajes largos.

Los amuletos en los vehículos nos recuerdan que hay alguien que nos está esperando al final del camino.

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